Me gustan los mundos míticos. Asisto a la corrida para mirar de cerca al toro de Creta, a las yeguas de Diomedes, al Minotauro comiendo manzanas de Hespérides.
Yo no sé lo que verán los demas, pero yo veo en el toro el rescate del vellocinio, el asesinato de Apsirto, veo con emoción, que Argos vuelve a Grecia.
Los grandes toreros hacen lo que Teseo en el Tártaro, lo que Medea en el exilio, lo mismo que los dioses del mundo subterráneo cuando van más allá de la piedad.
Toro y torero, centauro y argonauta, brotan de la fuente de la orfandad y se retiran de la multitud, desde que nacen. Son criaturas arrojadas al mundo en busca de su Creador.
Las corridas de toros me devuelven el temor a las realidades fundamentales.
Así que asisto a la corrida de toros porque me gustan los grandes mitos: La Ciudad de Dios de San Agustín, El Capital de Marx, El paraíso Perdido de Milton, El Evangelio según San Juan.
Con el permiso de ustedes, me voy a los toros, ahora vuelvo,
ya mañana estaré de regreso en el mundo.
29.11.09
24.11.09
Queridos Reyes Magos
Que la materia teja con un hilo biológico
los anhelos que vienen del espíritu
y dar al corazón la libertad de resolver a solas sus enigmas.
los anhelos que vienen del espíritu
y dar al corazón la libertad de resolver a solas sus enigmas.
21.11.09
Termitas, parásitos, erosión
La economía de mercado es la ciencia del ansia. La economía de subsistencia es la ciencia del equilibrio.
La economía de mercado tiende a producir lujos y espejismos, la de subsistencia produce realidades simpáticas y austeridad.
La economía del lujo es la que está destruyendo al planeta.
Siento un dolor de quemadura al mirar una foto de periódico: camiones enormes, cargados de troncos enormes de árboles centenarios asesinados. En Huitzilac, Morelos y Ocuilán, Estado de México, se pierden anualmente 2 mil 400 hectáreas de árboles a causa de la tala clandestina para satisfacer con pisos de maderas preciosas el ansia de lujo de los nuevos ricos y de los ricos de siempre, agonizantes.
La economía de mercado tiende a producir lujos y espejismos, la de subsistencia produce realidades simpáticas y austeridad.
La economía del lujo es la que está destruyendo al planeta.
Siento un dolor de quemadura al mirar una foto de periódico: camiones enormes, cargados de troncos enormes de árboles centenarios asesinados. En Huitzilac, Morelos y Ocuilán, Estado de México, se pierden anualmente 2 mil 400 hectáreas de árboles a causa de la tala clandestina para satisfacer con pisos de maderas preciosas el ansia de lujo de los nuevos ricos y de los ricos de siempre, agonizantes.
18.11.09
Teresa de Calcuta
El corazón que late por fuera de la norma
huye de la rutina
se separa del tiempo
se vacía en el espacio
y sigue en su trayecto el rastro de la luz.
El corazón que late por fuera de la norma
fruto de la rutina del tiempo, del espacio,
fruto que no depende de la divinidad
y sin embargo cuelga de la rama del árbol de la sabiduría.
huye de la rutina
se separa del tiempo
se vacía en el espacio
y sigue en su trayecto el rastro de la luz.
El corazón que late por fuera de la norma
fruto de la rutina del tiempo, del espacio,
fruto que no depende de la divinidad
y sin embargo cuelga de la rama del árbol de la sabiduría.
8.11.09
4.11.09
Fórmula de Vida
¿La medida incorrecta?
Todo de todo y nada de nada.
¿La medida correcta?
La mitad de todo, la mitad de nada.
Todo de todo y nada de nada.
¿La medida correcta?
La mitad de todo, la mitad de nada.
27.10.09
Triakontámeron
Cuando pienso que pienso, lo hago sin pensar.
Ahora mismo, al pensar, pienso que estoy pensando.
Casi siempre pienso sin saber que pienso, pero sigo pensando.
Pienso que no pensar consiste en pensar lo que en verdad pensamos.
Pensemos sin pensar lo que pensamos.
Para dejar de pensar, escribo.
Cuando escribo que escribo, estoy escribiendo lo que escribo, pero escribo solamente eso: que escribo. Eso es todo lo que escribo. No se puede escribir la palabra escribir si no la escribo. Escribo al escribir. Escribo lo que escribo al escribir que escribo.
Al escribir que escribo, escribo sin pensar.
¿Escribir es pensar?
Pienso, luego escribo.
Ahora mismo, al pensar, pienso que estoy pensando.
Casi siempre pienso sin saber que pienso, pero sigo pensando.
Pienso que no pensar consiste en pensar lo que en verdad pensamos.
Pensemos sin pensar lo que pensamos.
Para dejar de pensar, escribo.
Cuando escribo que escribo, estoy escribiendo lo que escribo, pero escribo solamente eso: que escribo. Eso es todo lo que escribo. No se puede escribir la palabra escribir si no la escribo. Escribo al escribir. Escribo lo que escribo al escribir que escribo.
Al escribir que escribo, escribo sin pensar.
¿Escribir es pensar?
Pienso, luego escribo.
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